• Lic Javier P Faiwusiewiez

¿Es más sencillo ser rico que feliz?

Una buena idea, una necesidad insatisfecha detectada, un buen producto, una capacidad para vender. Alguna o algunas de estas condiciones fueron necesarias al comenzar la empresa. El resultado fue regular, bueno o muy bueno, pero te permitió vivir: alimentar a tu familia, educar a tus hijos, cambiar el auto, comprar una casa, viajar. Quizás estos párrafos llevaron 5, 10, 15, 30 o 50 años, depende cada caso. Los hijos crecieron y ellos han nacido y se han criado en un ambiente totalmente diferente al que te ha tocado a vos en tu infancia. Y aquí detectamos una primera ruptura: la etapa de la vida de las personas es distinto y lo que buscan, lo que desean, también lo es. Llega ese momento de la edad madura en que cada uno se pregunta por su felicidad, su satisfacción. ¿He logrado aquello que me propuse? Reconozco que no se desvanece todo interés por el dinero, pero la concentración es en el legado, en dejar algo para ser reconocido. Cuando analizamos una empresa familiar, no podemos perder de vista la evolución multidimensional. Gersik, Lansberg y Desjardins propusieron un modelo con tres ejes donde la propiedad evoluciona desde el fundador, pasando a una sociedad de hermanos y un consorcio de primos; el negocio avanza desde su nacimiento, crecimiento y hasta su madurez; la familia crece desde una familia joven, el ingreso de los descendientes, el trabajo en conjunto y el traspaso de mando. A éstos ejes yo le incluiría el Ciclo de Vida de los miembros de la familia y la empresa: juventud, adultez y vejez. Incluso hoy, dentro de la adultez podríamos establecer distintos períodos, dado que el aumento de la esperanza de vida logró extender el período de actividad de las personas.

Decimos que una Empresa Familiar se convierte en Familia Empresaria cuando logra construir una visión compartida. Pero la comunicación puede verse afectada producto de la brecha generacional y dificultar la cohesión, llegando al extremo de expulsar a los hijos de la Empresa Familiar y provocar un alto costo emocional en la familia. El Acuerdo Familiar es un proceso que finaliza en un documento que enmarca la interacción entre la familia y la empresa o grupo de empresas. Requiere la voluntad de continuidad y la decisión de conversar superando las discusiones, reconociendo a los fundadores o generación gobernante. Una vez concluido el proceso de acuerdos y con el documento firmado por toda la familia propietaria comienza el verdadero traspaso generacional bajo las condiciones propuestas. Lo principal: los padres y madres deben admitir que la empresa puede continuar sin ellos y los hijos aceptar que todo lo que se ha logrado fue con la capacidad y el conocimiento de sus progenitores. Cuando comienza el proceso el tercero neutral facilitará el debate y moderará el espacio. Es posible que aparezcan aquellos conflictos guardados "bajo la alfombra", los cuales trataremos de forma cuidadosa para superarlos. La participación activa, con emoción y con razón, permitirá que el Acuerdo Familiar sea sostenible en el tiempo y tenga verdaderos efectos en la próxima generación. Lograr un espacio de contención y conversación de la Familia Empresaria pensando en la continuidad de su negocio y su patrimonio puede permitirles ser más felices. Como me dijo un empresario hace unos días: «Tardé muchos años en encontrar la respuesta a "qué queres ser cuando seas grande?". Era tan fácil: "ser feliz".»

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