Sucesor se busca
- Javier Faiwusiewiez

- hace 2 días
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Uno de los grandes desafíos de las empresas familiares ya no pasa por la propiedad, la gestión o resolver conflictos entre generaciones de la misma familia. Cada vez más familias empresarias enfrentan una pregunta mucho más profunda: ¿Quién quiere continuar?
Durante años, el foco estuvo puesto en cómo hacer el traspaso generacional, como profesionalizar la gestión y como planificar el patrimonio. Hoy, en muchos casos, el problema empieza antes: encontrar sucesor.
Esto sucede en un contexto muy particular. Porque mientras las empresas familiares necesitan continuidad, las sociedades están cambiando aceleradamente. La natalidad cae en toda América Latina. Según la CEPAL, la tasa de fecundidad regional se encuentra por debajo del nivel de reemplazo desde 2015 y actualmente ronda los 1,8 hijos por mujer. En Argentina en particular, distintos estudios muestran una caída muy fuerte de la natalidad en la última década. Un informe basado en datos del INDEC señala que la natalidad cayó cerca de un 40% desde 2014 y que los hogares sin hijos ya son mayoría.
Instintivamente, menos hijos debería facilitar el recambio generacional. Menos opciones, menos disputas, menos complejidad sucesoria. Pero en la realidad, la complejidad esta aumentando porque ninguno quiere continuar, ninguno quiero que lo elijan para seguir.
Las nuevas generaciones crecieron en un mundo distinto, con valores distintos, una relación diferente con el trabajo, el tiempo, la medida de éxito y la realización personal, y esto puede cambiar completamente la lógica de continuidad en las empresas familiares. Hoy un hijo puede querer ser chef, fotógrafo, antropólogo o filósofo. Puede querer recorrer el mundo, tomarse algunos años sabáticos, vivir permanentemente en otro país o construir una carrera completamente desconectada del negocio familiar. Y también puede suceder algo igual de desafiante: que simplemente no quiera vivir bajo el nivel de presión que vivieron sus padres o abuelos.
Los jóvenes ya no asocian éxito con sacrificio extremo, jornadas interminables o grandes responsabilidades, sino que buscan propósito, equilibrio, flexibilidad y calidad de vida. Por eso, cuando una familia empresaria dice: “Mi hijo no quiere saber nada con la empresa”, muchas veces el problema no empezó a los 25 años. Empezó mucho antes.
La continuidad se construye desde la infancia, en las conversaciones, en el ejemplo, desde el sentido de pertenencia y desde la posibilidad de descubrir valor (y propósito) en el proyecto familiar empresarial. Nadie se compromete en algo que no siente propio, eso es propiedad emocional.
Si el problema son los vínculos, eso puede trabajarse. Tenemos herramientas, procesos y somos profesionales especializados para acompañar a las familias empresarias en estos desafíos. Los consultores de empresa familiar certificados trabajamos sobre comunicación, integración generacional, formación de sucesores, gobernanza y construcción de continuidad. Pero hay algo que no puede recuperarse fácilmente: el tiempo.
Por eso, si querés encontrar a tu sucesor, empecemos hoy a trabajar en su formación. No esperes. Porque cuando la empresa necesita continuidad ya es tarde.




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