• Javier Faiwusiewiez

Continuidad: fruto de la paciencia y la constancia

Hace algunas semanas recibí una consulta muy especial de un cliente con el que ya he trabajado anteriormente. Había publicado y estaba promocionando un taller que iba a dar junto a una colega. Su pregunta me encontró caminando hacia el jardín para retirar a mi hijo, un poco distraído. "¿Cómo hago para que a mis hijos les interese escucharte?". Escribí un respuesta rápida que no me convenció, y por suerte no llegué a enviar. Contesté que me había obligado a reflexionar y gané un poco más de tiempo.


La Consultoría de Empresas Familiares interviene en varios sistemas que se interrelacionan. Si bien hay distintos métodos, en todos se encuentran las personas en el centro. Son las personas las que forman las familias y las que crean empresas, las que crean valor y transmiten valores. Ser empresario es, de por sí, complejo. Ser empresario en Argentina, muy complejo. Si a eso le sumamos el carácter familiar de la empresa, a maximizar la rentabilidad se le suma el desafío de fomentar la continuidad y mantener la armonía entre sus miembro. ¡Cuánto trabajo! No hay un único motivo por el cual las nuevas generaciones se incorporan a las Empresas Familiares, pero sí hay una misma responsabilidad y es compartida: una parte es propia y otra de los predecesores. Para que las próximas generaciones puedan valorar el fruto del trabajo de sus antecesores deben apropiarse de la empresa. Y este trabajo no depende del consultor, se hace desde casa. Se enseña con el ejemplo, se transmite y se vive. Es una inversión a largo plazo que se hace cada día, desde que son niños pequeños para que, cuando llegue el momento, hayan absorbido como una esponja la filosofía y los valores de la empresa familiar y la familia empresaria. Como la leyenda del bambú japonés. Se siembra la semilla, se abona y se riega constantemente. A las pocas semanas, no pasa nada. A los pocos meses, no pasa nada. Durante 7 (¡SIETE!) años no pasa nada. Pero se debe seguir regando persistentemente. En ese séptimo año, en solo seis semanas, la planta de bambú japonés crece 30 metros. Entonces, ¿cuál es el argumento para que se interesen en participar del taller? Si las nuevas generaciones están interesados en la continuidad de la empresa, que se sumen a identificar qué rol les resulta atractivo y desarrollen las habilidades para prepararse para eso. Si no les interesa participar de la empresa, adquieran los conocimientos para ser accionistas responsables. En definitiva, vayamos plantando la semilla para adelantarnos al futuro.

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