• Lic Javier P Faiwusiewiez

Por tus hijos/as y/o por tu empresa

En los últimos meses advertimos en las noticias varios titulares vinculados a herencias y sucesiones que originan enfrentamientos mediáticos y judiciales entre hermanos, causados por el fallecimiento de un progenitor. Estos casos son un reflejo de una problemática que alcanza a todos aquellos que tienen un patrimonio y que no se ocupan de proteger la propiedad y de cuidar el vínculo entre su familia.

Todo aquel que tenga QUÉ y a QUIÉN proteger debe ocuparse de una planificación sucesoria. Especialmente cuando ese patrimonio incluye una empresa, pues esta planificación podrá garantizar el pleno funcionamiento de la misma y la consecuente generación de rentabilidad.

Concentrarse en la continuidad de la Empresa Familiar es una responsabilidad de la generación gobernante pero es ideal que sea en acuerdo con sus descendientes. A través de un proceso, en el cual la conversación es una herramienta central, la familia empresaria podrá alcanzar pactos que le brindarán estabilidad. Además, el camino recorrido en conjunto generará unión y empatía entre los miembros, mejorando el clima y transformando a la familia empresaria en un equipo.

El Acuerdo Familiar, también conocido como Protocolo Familiar, es  un documento que suscribe la familia propietaria de una empresa o grupo de empresas que reúne una serie de pactos donde se definen los principios, valores, visión, misión y estrategia de la empresa; su sistema de gobierno, administración y gestión; y la forma en que la familia va a relacionarse con el negocio y a organizar la administración de su patrimonio, con el fin de garantizar la continuidad de la empresa y su permanencia bajo el control familiar, dentro de un contexto de armonía y consenso familiar.

Los Acuerdos Familiares requieren un proceso de construcción colectiva y un trabajo interdisciplinario con profesionales formados y capacitados para asistir a la familia empresaria y a la empresa familiar y debe diseñarse a medida de cada familia empresaria, ocupándose de los vínculos sin perder de vista la gestión eficiente de la empresa.

Este documento podrá convertirse en una potente herramienta de gestión empresarial y familiar y permitirá administrar los vínculos entre la familia y la empresa, y generar armonía en el seno de la familia actual y los descendientes. De nada servirá firmar un documento que no se haya convenido en conjunto, eso solo terminará en la falta de cumplimiento y, eventualmente, en tribunales. Cuando el conflicto familiar se judicializa, con seguridad se destruye la familia y muy probablemente se destruya el patrimonio.

Durante este camino es posible que se aborden temas sensibles, afloren emociones y se encaren conversaciones difíciles. Sin embargo, estos sentimientos ya están ahí. Si no se ponen de manifiesto ahora, será más adelante. Aquel conflicto que se dilata solo logrará acrecentarse.

El momento de los acuerdos es cuando existe una intersección entre una empresa rentable y una familia moderadamente cohesionada, al menos comprometida, con la continuidad. Lo mejor es que esto sea mas temprano que tarde. Como dice un proverbio chino, “El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora”.

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